EL PODER DE DECIDIR

¿Puede haber una demostración de amor más grande para un hijo que la de que su padre le otorgue la libertad de poder decidir? Yo creo que no; ésta en la mayor prueba de amor que existe. Pensémoslo bien por un instante, por favor.

Existen culturas donde las hijas tienen que casarse con el hombre que sus padres eligen para ellas; incluso con tipos feos, apestosos y grasientos que les sacan cuarenta o cincuenta años.

Algunas familias obligan a sus hijos a estudiar la carrera que consideran que es mejor para ellos, a pesar de que los chavales no sienten interés por ello, matando así sus sueños y talentos, que nada tienen que ver con el futuro que sus progenitores han elegido para ellos.

Hay padres que incluso lavan el cerebro de sus hijos con creencias existenciales, y los adoctrinan en religiones o movimientos espirituales. Esto es un atropello a la libertad del individuo, pues debe ser cada uno, una vez que es adulto, quien elija sus propias creencias; igual que los estudios que desea realizar, con quién quiere casarse y cómo construir su futuro.

Los padres que le otorgan a sus hijos el poder de decidir están expandiendo la obra de Dios, del Creador, del Universo o como tú quieras llamarle, el nombre es lo de menos. La cuestión es que la Divinidad que creó la existencia y, por ende, la vida, lo primero que hizo fue bautizarnos a todos con el poder de decidir. A esto, amigo mío, le llamamos libre albedrío. El libre albedrío es lo contrario a la esclavitud. Sí, así es. Si nos quitan el poder de decisión nos vuelven esclavos. Entender esto es tan sencillo que no voy a perder el tiempo en más detalles. 

Muchas veces me preguntaba que si Dios era todo amor por qué permitía la maldad en el mundo, las injusticias y las atrocidades. Esto me hacía dudar de la existencia del Creador. Sin embargo, dentro de mí seguía viva una llama de vida eterna, la cual me hacía percibir que algo superior a mí, que con gran amor lo tenía todo controlado. Este “algo”, estaba dentro de mí, como si fuese uno conmigo mismo; como si ambos formásemos parte de lo mismo; como si yo fuese parte de la Creación y la Creación parte de mí.

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Un día, querido amigo, entendí que la maldad, las injusticias y las atrocidades existen porque son una consecuencia del amor infinito que Dios tiene. Quizá leer esto te sorprenda y te pille en fuera juego porque no entiendes a lo que me refiero. Bien, te lo voy a explicar, y te aseguro que si logras comprenderlo hoy tu vida cambiará para siempre porque adquirirás una sabiduría que no todos logran alcanzar en el transcurso de sus vidas. ¿Estás preparado, querido amigo? ¡Vamos a ello! 

El amor absoluto que Dios siente por ti y por todos nosotros es tan grande que te hizo —que nos hizo— libres. Por cierto, eso que dicen los religiosos de que Dios castiga al pecador es totalmente falso. Jesús dijo en repetidas ocasiones que Él no vino al mundo para condenarlo, ni siquiera para juzgarlo, sino que vino para salvarlo, y para ello lo que Jesús hizo fue hablarnos del amor, del verdadero amor, diciéndonos cosas como que amáramos a nuestros enemigos y no juzgáramos a nadie. El mensaje de Jesús fue en realidad una serie de consejos para vivir acorde al amor y, por lo tanto, a la palabra de Dios. Además, la salvación no es mediante nuestras acciones, como dice la Iglesia, sino que es mediante la fe. Esto, amigo mío, es muy interesante. ¿Sabes lo que es la fe? La fe no es otra cosa que el poder de decidir. Es decir, la oportunidad de tomar la decisión de tener fe o no tenerla. 

En este mundo existen la maldad, la injusticia y las atrocidades porque hay personas que, haciendo uso de su poder de decisión deciden actuar de manera contraria al amor. Es por eso por lo que nos encontramos con personas de todo tipo y condición. La maldad es simplemente el resultado que obtienes cuando te alejas del amor. Recuerda que Dios es amor puro, por lo que cuando te alejas del amor te alejas de Dios.

Curiosamente, los religiosos son en muchos casos los que más juzgan, condenan y odian a sus enemigos, comportándose así de manera totalmente contraria a lo que nos aconsejó Jesús. 

Querido amigo, el poder de decidir es tan grande que te permite hacer lo que quieras, desde matar a una persona hasta salvar una vida. Tú tienes el poder de elegir qué quieres hacer con el tiempo que te queda en este mundo y cómo quieres vivir, en el amor o alejado de él. Los hombres te van a juzgar, pero su juicio se desvanecerá porque no tienen el poder de Juzgar. El que posee la potestad para juzgarte (Dios), no lo hará, porque Él te dio todo su amor en forma de libertad (de libre albedrío).

No sé tú, querido amigo, pero yo, siendo consciente de esto, prefiero tomar decisiones en base al profundo amor que ahora conozco, y dedicar mi vida a impactar con amor a todas las personas que Dios ponga en mi camino. 

Los religiosos fueron los que crucificaron a Jesús, porque ellos no querían que el mundo conociera su mensaje. Jesús, dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida».

No permitas que la Iglesia y las religiones te alejen de Dios, porque Dios no tiene nada que ver con ellas, ni tampoco con el mensaje que ofrecen de Él.

Las religiones son un invento del hombre para manipular y engañar a las personas.

Yo usé mi poder de decisión para seguir a Dios y alejarme de las religiones. Entonces me di cuenta de que era libre, pues la religión me obligaba a pensar y actuar de una manera concreta, mientras que Dios no me exigía absolutamente nada; su amor es tan grande que hace que salga el sol para buenos y malos, sin discriminar a nadie por sus acciones. Ya lo dijo Jesús: «Dios no hace acepción de personas». 

¡Disfruta de tu poder de decisión! ¡Sé libre! ¡Impacta de amor a los demás!

 

©Miguel Ángel Segura

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